sobre verdad y sentido extramoral parte 2

El intelecto, como un medio para la conservación del individuo, desarrolla sus fuerzas capitales en la ficción; pues ésta es el medio por el cual se conservan los individuos más débiles y menos robustos, como aquellos a los que no se les ha concedido entablar la lucha por la existencia con cuernos o con la afilada dentadura de los animales carniceros. Este arte de la ficción llega a su cima en el ser humano: aquí el engaño, la adulación, la mentira y el fraude, las habladurías, la hipocresía, el vivir de lustres heredados, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, el teatro ante los demás y ante uno mismo, en una palabra, el revoloteo incesante en torno a la llama de la vanidad es hasta tal punto la regla y la ley, que casi no hay nada más inconcebible que el modo en el que haya podido introducirse entre los hombres un impulso sincero y puro hacia la verdad. Están profundamente sumergidos en ilusiones y ensueños, su ojo se desliza tan sólo sobre la superficie de las cosas y ve “formas”, su sensación no conduce por ninguna parte a la verdad, sino que se contenta con recibir estímulos y, por así decirlo, jugar un juego de tanteo sobre el dorso de las cosas. Además, durante toda una vida el hombre se deja engañar por la noche en el sueño sin que su sentimiento moral haya tratado nunca de impedirlo: mientras parece ser que hay hombres que, a fuerza de voluntad, han eliminado los ronquidos. En realidad, ¡qué sabe de sí mismo el hombre! ¿Sería capaz de percibirse por completo, aunque sólo fuese por una vez, tendido como en una vitrina iluminada? ¡Acaso no le oculta la naturaleza la mayor parte de las cosas, incluso sobre su propio cuerpo, para así, al margen de las circunvoluciones de los intestinos, del rápido flujo de las corrientes sanguíneas y de los intrincados estremecimientos de sus fibras, recluirle y encerrarle en una conciencia orgullosa y embaucadora! Ella tiró la llave: y ¡ay de la funesta curiosidad que, por una vez, pudiese mirar desde el cuarto de la conciencia hacia fuera y hacia abajo a través de una hendidura, y entonces barruntase que el ser humano descansa sobre lo despiadado, lo codicioso, lo insaciable y lo asesino, en la indiferencia de su ignorancia y que, por así decirlo, está pendiente en sueños del lomo de un tigre! ¡De dónde procede en el mundo entero, en esta constelación, el impulso hacia la verdad!

comentario

El conocimiento, el saber, y, tanto más, la filosofía son las ficciones que protegen al hombre, la especie más débil precisamente por necesitar de ellas. Pero la forma de este conocimiento, los conceptos, el lenguaje, no son más que descripciones “superficiales” que derivan de las impresiones sensibles o estímulos externos. La naturaleza no nos impacta originariamente con palabras, sino con un torrente de sensaciones múltiples. Nietzsche contrapone aquí implícitamente su biologismo y su “sensualismo” (afirmación de la superioridad de lo biológico y lo sensorial sobre lo lógico y lo intelectual) al racionalismo propio del pensamiento occidental desde Parménides y Platón. Si fuéramos capaces de vernos por un momento así, como simples seres vivos, y no como orgullosos creadores de conceptos, nos daríamos cuenta de que, en realidad, no sabemos nada sobre nosotros mismos. Tan solo creemos que sabemos (ficción). De hecho, ni siquiera conocemos nuestro propio cuerpo y sus reacciones. Adicionalmente, Nietzsche utiliza como ejemplos de que vivimos constantemente dentro de ficciones los vicios y mentiras propios de nuestro comportamiento social.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s